lunes, setiembre 04, 2006

El Grito de una raza: Tupac Amaru II, una reflexion apartir de un poema de Jose Maria Arguedas


Qan rimasqaykimanta, yawar mikhuq jierro españolwan maqanakusqaykimantan, uyanta tuqusqaykimantan, yawarniyki timpuq allpapi timpusqanmantan, manaña sunquypi qasilla kanñachu. Rupayllañan kan, amaru chiqniyllañan kan, supay wiraquchakunapaq, sunquypi.
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Desde el dia en que tu hablaste, desde el tiempo en que luchaste con el acerado y sanguinario español,desde el instante en que le escupiste a la cara; desde cuando tu hirviente sangre se derramo sobre la hirviente tierra, en mi corazon se apago la paz y la resiganacion. No hay sino fuego, nos hay sino odio de serpiente contra los demonios, nuestros amos.




"Jose Maria Arguedas: Tupac Amaru Kamaq Taytanchisman Haylli-Taki, Lima 1962"



Bueno este poema o estos versos me impresionan mucho por la fuerza y la fiereza que unas cuantas lineas pueden transmitir, alli pues se nota todo el odio que puede acumular un pueblo orgulloso, humillado por siglos.

Bueno, estos versos los encontre cuando leia acerca del movimiento de Tupac Amaru II, y bueno la verdad es que mucho se discute acerca de la naturaleza de este movimiento, asi como sus motivaciones, esto por los cuestionamientos surgidos a raiz de documentos de las proclamaciones de Tupac Amaru II en las que dice actuar en nombre del rey de España y contra la corrupcion imperante en el virreynato, esto en cuanto a la naturaleza del movimiento que asi pues podria ser definido como un movimiento reformista, rebelde contra las autoridades coloniales, mas no contra el monarca español y contra el sistema colonia, ya que buscaba regresar al estado anterior a la reformas borbonicas y aliminar a los odiados corregidores; ahora bien en cuanto a la motivaciones como ya se notara se afirma que el movimiento se produjo por los constantes y extremos abusos de los corregidores y por la aplicacion de las llamadas "Reformas Borbonicas" que afectaban los circuitos economicos y que por esto causaron malestar entre las elites regionales del sur andino.


Estas reflexiones como ya se dijo surgen a raiz de las proclamas de el mando rebelde emite, pero en este punto debemos aguzar el analizis para poder entender a quienes y con que fin iban dirigidas; asi pues se puede notar que estas proclamas iban dirigidas a los criollos y con el fin de que se unieran al movimiento y de este modo asegurar su triunfo, y esto por cuanto los documentos estaban ESCRITOS y en CASTELLANO, es decir no podian ir dirigidos a los indigenas analfabetos y quechuahablantes, asi pues las proclamas tenian que sintonizar con las demandas y ambiciones de los criollos.
El discurso dirigido hacia los indigenas debia ser reinvindicativo y en funcion de la tierra, asi pues esto es una especulacion, pero en base a las aspiraciones de estois sectores.
Esto tambien porque Tupac Amaru II busco desde un periodo muy anterior al estallido de su movimiento el reconocimiento como inca y ademas la eliminacion de los corregimientos con el fin politico de adquirir prestigio y acendiente con los indigenas y de este modo contar con ellos para su movimiento.

El panorama descrito podria decir que es el inicio a arranque del movimiento, asi pues el movimiento tupacamarista inicio con un decidido apoyo indigena, y con una segura curiosidad y cierto temor de los sectores criollos (aunque algunos de ellos apoyaron desde el principio este movimiento); pero con el desemvolvimiento del movimiento las masas indigenas se van radicalizando cada vez mas, asi destruyen todo lo que siginificara opresion, todo lo que significara lo español, sin distingir al chapeton del criollo ( al final ambos colaborabvan en sus explotacion) asi todo el ambito del movimiento vivio una constante sososbra, esto decidio finalmente a los criollos como grupo que su inica opcion de contunuar en su posicion de privilegios era apoyando a los españoles.

Asi pues finalmente el movimiento se torno revolucionario pues buscaba la destruccion de todod los español, ademas de la restitucion de las tierras a sus poseedores ancestrales, del mismo modo buscaban el cambio del sistema de gobierno del territorio, asi como la separacion de la metropoli; finalmente pues todos estos planteamientos llevo a que el enfrentamiento final sea entre españoles y criollos contra los indigenas, configurando asi los que ha sido la constante en la historia del Peru.



martes, agosto 29, 2006

Guzmán demanda su libertad por Cesar Hildebrandt

Abimael Guzmán no se suicidó, como se suponía que podría hacerlo el jefe del apocalipsis a la hora de ser capturado, sino que permitió que Elena Yparraguirre lo protegiera con su cuerpo y demandara que el líder de Sendero Luminoso no fuese tocado.

Y no fue tocado. Un igual suyo, pero del otro bando, lo interrogó amablemente y le sacó el mayor provecho político posible. No hay mayor registro de las conversaciones Guzmán-Montesinos, pero no tengo dudas de que se trata de un diálogo de pares en miseria moral y en propensión al crimen.

Guzmán era muy valiente a la hora de dar órdenes sanguinarias en medio de la neblina que lo rodeaba: una corte de anuentes crónicos y de asesinos con control remoto que decidía qué aldea debía ser arrasada, cuántos ingenieros y de qué proyecto debían morir esa quincena, cuántas vacas de engorde tenían que ser sacrificadas, qué comisaría era el mejor y más inerme blanco para sus hordas panchovillanas y a cuántos gobernadores también indefensos debía interrumpírseles el resuello con un tajo en la arteria carótida.

Muy valiente era la hiena con psoriasis en la cara y caracha polpotiana en lo poco de alma que podía quedarle.

Porque lo de Sendero no fue una insurrección a lo Vietcong –quién podría discutir la legitimidad de Ho Chi Minh y los suyos– ni una resistencia a la ocupación racista de la Francia que quiso robarse Argelia para siempre. No fue el no a la archipodrida monarquía alauita de Marruecos ni la respuesta de Hezbolá a los abusos terroristas del Estado de Israel.

Lo de Sendero surgió del cerebro de Guzmán como una guerra de liberación y terminó siendo la provocación cuyo único final es la solución fascista, el holocausto de la democracia. Fue como los Tupamaros uruguayos pero en dosis de caballo. Fue como lo de los Firmenich en Argentina pero en dimensiones bíblicas.

Fue la imitación sudamericana del modelo camboyano de Pol Pot, el que a su vez fue la interpretación de Mao bajo las bombas de napalm de los Estados Unidos derrotados.

Bombas de fósforo gelatinoso más marxismo hidrófobo: igual Pol Pot en 1975: el año cero de la historia, la abolición de la moneda corriente, el incendio de los registros públicos, el asesinato de los intelectuales y académicos, la quema de museos y bibliotecas, los dos millones de ajusticiados, la larga marcha de Yenán hacia los arrozales.

Pol Pot propuso el regreso a las cavernas para empezar desde allí una civilización que fuese siempre rural, que no se contaminase de industrialismo ni de consumo, ni de curiosidad ni de deseo. Guzmán quiso lo mismo para el Perú.

Su saña para con los programas de mejora de semillas, su salvajismo para volar la infraestructura que podía favorecer al campo, revelan a un Mao con taparrabos decidido a crear un paraíso de cazadores y recolectores donde la igualdad sería requisito y el terror actuase como aglutinante.

Y cuando los chinos se deshicieron doctrinariamente de Mao y empezaron las reformas que les permitieron salir de la trampa, este loco que se creía filósofo, este alcohólico de vino Queirolo, este Hegel de Cangallo, este resentido múltiple que soñaba con que todos sufrieran lo que su madrastra le obligó a rumiar, este retrasado mental del marxismo mutante, este Pol Pot que jamás pisó La Sorbona y que nunca combatió al enemigo, este Guzmán, en suma, colgó perros que debían recordar a Ten Siao Ping y se proclamó la cuarta espada de la revolución mundial.


Ni cuarta espada ni nada.

Sus escritos eran balbuceos pedestres y copiandanga de Sun Tzu. Su marxismo no llegaba a ser sanmarquino y carecía de sintaxis. Y sus aliados eran gentuza que venía directamente de las chusmas jacobinas soltando la carcajada a la hora de la guillotina.

Nunca antes habíamos visto tan temeraria a la ignorancia (“el Perú es un país feudal”); ni con tantas coartadas al homicidio en serie (“lo de Lucanamarca fue un exceso”); ni con tantas ínfulas al fanatismo autómata (las porristas de Sendero en Santa Mónica imitando el dancismo de Mao); ni tan amenazante al maniqueísmo; ni tan rufián el culto a la personalidad; ni tan cínicos a los salvadores que mataban a la gente que no quería ser salvada.

Y ahora este verdadero miserable, este hombre que fue sinónimo de muerte a traición y que tuvo la indignidad de traicionar su propia muerte a la hora señalada, pide que lo consideremos como un preso político y que terminemos de negociar con él la paz, primero, y, luego, la amnistía general.

O sea que este se cree guerrillero heroico, Che de Lucanamarca y Bolívar de Tarata. No, señor. Usted no fue un guerrillero enfrentado a un ejército. Usted logró exasperar a los moderados, arrinconarnos, y obtener su botín: que el ejército sospechara de todos y que igualara, en muchas ocasiones, sus infamias generalizadoras. Usted no fue un guerrillero resistente.

A usted le fascinaba mandar a matar en emboscadas donde la ventaja para los suyos era diez a uno y ordenaba, además, que si había niños de por medio a nadie le temblase la mano en el momento del dinamitazo.

Pero a usted sí le tembló la voz cuando su mujer hubo de protegerlo del muy pacífico Antonio Ketín Vidal. No sé qué reprocharle más: si su furia insensata, nutrida del leninismo universal, o su cobardía extrema, de manufactura estrictamente nacional. Que lo perdone su santa madre, señor Guzmán.

miércoles, agosto 16, 2006

Pobre 68, que nos amó tanto; por cesar Hildebrandt

“Sesentayochero” dicen los cruzados de hoy cuando quieren insultar a algún bicho raro que cree que el mundo debe y puede cambiar.

No importa que ese bicho sea un auténtico liberal o un socialdemócrata. Los niños conservadores de hoy, los niñatos de las empresas familiares, los hijos de la bolsa (o la vida) están convencidos de que el único mundo posible es el que complace a los Chenney y a los Bush, al estado mayor de Israel y al accionista principal de Pepsico, al idiota de Blair y al forajido de Aznar.

Se abalanzan sobre el 68 los dóberman del pensamiento débil, los hijos putativos de Popper, los caniches del fin de la historia, los nietos del mariscal Petain y de Maurras, los lectores de las bagatelas de Celine.

Se abalanzan sobre el 68 que es apenas una leve sombra, que está lejos, que es casi un recuerdo inofensivo. Pero no para ellos. Para ellos el 68 es la pesadilla de una ira atenta, un hastío con piedras en la mano, un modo de morir gritando que ya basta, que ustedes, los que cortan el jamón desde siempre, nos tienen hasta la coronilla con sus mentiras, sus modos de imbecilizar en mancha, su cielo de cartón y Berlusconi, sus Halliburton y sus Enron, sus mañas para hacer que Prodi sea lo mismo que nada y Lula casi lo mismo que nada y la masacre de Irak menos que nada en el mar de sangre donde nos ahogamos y el tormento de Líbano una respuesta en vez de una limpieza étnica, que eso es lo que hace cada día, desde el cielo, la metralla del Estado fascista de Israel.

Se abalanzan sobre el 68 con todos los titulares de los que son capaces. Quieren matar a un muerto, por si acaso.

No vaya a ser que los jóvenes deserten del mundo cretino y empiecen a pensar en otras cosas que no sea tirar, ver una peli de Hollywood, desechar la compasión por maricona, la decencia por ser pérdida de tiempo, la preocupación por los demás por ser un gesto de debilidad.

No vaya a ser que los chicos se sumen a los pocos desasosegados que se hacen apalear en Davos.

Embisten al 68 como si se tratara de un demonio siendo que el 68 es una foto amarilla, una película llena de raspaduras, un póster de desván. Pero los dóberman y los caniches ladran a su sola mención.

Hay varias razones para ello: el 68 les recuerda el miedo, el 68 les recuerda aquello en que se han convertido, el 68 les recuerda a los más jóvenes y enterados lo que podrían haber sido en vez de estos fantasmas con una X en la frente y un cementerio a la altura del músculo cardiaco.

A los del 68 nos disgustaba el mundo pero no la gente. Los del 68 amábamos como animales, gritábamos como descubridores, vivíamos al filo de la navaja, nos contradecíamos groseramente, leíamos hasta que los ojos nos sudaban.

Pero no había duda: estábamos vivos y éramos frecuentemente generosos y algunas veces veraces y, sin ninguna duda, estábamos vivos. ¡Estábamos vivos!
No idealizo el 68. No era el camino enfrentarse a De Gaulle (a lo que De Gaulle representaba) con barricadas.

El camino era –ahora lo vemos claro– impedir el imperialismo de la vulgaridad que hoy padecemos, parar el cáncer de Hollywood, la metástasis de Los Ángeles hinchando los ganglios del mundo, impedir que las clases medias se hartaran de los charlatanes y empezaran su ruta hacia una cultura de la consolación, pelear en todos los foros en contra de la pasteurización de los medios de comunicación, luchar a brazo partido por la sobrevivencia de las editoriales pequeñas dedicadas a preservar el humanismo, etcétera.

La lucha debió ser práctica y no abstracta, es cierto. Y es cierto que algunos de los líderes del 68 fueron unos farsantes. Pero eso no quita que el 68 fue un ensayo colectivo de insurrección moral en contra de este mundo que persigue muchas veces a los mejores y deifica los pies de Ronaldinho.

El destino de Roma fue el de no percatarse de su ruina, tan abrumadora había sido su grandeza. El destino del hombre moderno es no darse cuenta del fuego que ya lo rodea, tan elefantiásica es su soberbia y tantos éxitos tecnológicos ha conseguido con la misma psiquis primitiva con la que cazaba jabalíes hace treinta mil años.